Hace poco más de quince años, un investigador de Johns Hopkins probó algo que parecía imposible: que el ADN de las células tumorales de un paciente con cáncer podía encontrarse flotando libremente en su sangre, en una simple muestra periférica.

Ese hallazgo, publicado por el Dr. Bert Vogelstein y su equipo, encendió una de las revoluciones más profundas de la oncología moderna: el campo de la biopsia líquida y el ADN tumoral circulante, conocido como ctDNA por sus siglas en inglés. Lo que entonces era una curiosidad científica es hoy una herramienta clínica que está redefiniendo cómo detectamos, monitoreamos y tratamos el cáncer.
La biopsia líquida no reemplaza al patólogo ni a la biopsia tisular; agrega una dimensión nueva, dinámica y minimamente invasiva que la biopsia convencional no puede ofrecer.
¿Qué es la biopsia líquida y cómo funciona?
Todas las células del cuerpo, incluyendo las tumorales, liberan fragmentos de su ADN al torrente sanguíneo cuando se dividen o mueren. A ese ADN que circula libremente en la sangre se lo llama ADN libre de células (cell-free DNA). Dentro de ese universo, el ctDNA es la fracción que proviene específicamente de las células cancerosas.
La biopsia líquida es el análisis de una muestra de sangre para detectar, identificar y cuantificar ese ADN tumoral circulante. A diferencia de una biopsia tisular convencional, que requiere una punción o procedimiento quirúrgico para obtener una muestra del tumor, la biopsia líquida solo necesita una extracción de sangre: resulta cómoda, rápida y repetible.
El desafío técnico es enorme: el ctDNA representa solo una mínima fracción del ADN total en sangre (a veces apenas tres partes por millón). Encontrarlo es como buscar una aguja en un pajar. Sin embargo, la tecnología de secuenciación de nueva generación (NGS) logró identificar esas mutaciones específicas del tumor con una precisión alta y prácticamente sin falsos positivos.
Una breve historia: de la curiosidad científica a la herramienta clínica
El punto de partida: Vogelstein y Johns Hopkins
El Dr. Bert Vogelstein, reconocido genetista de Johns Hopkins, fue quien demostró por primera vez que era posible detectar ADN tumoral en la sangre de pacientes con cáncer. Ese hallazgo resultó ser el punto de partida de toda una nueva disciplina.
Lo que siguió fue una expansión en la investigación. En pocos años, múltiples laboratorios y empresas biotecnológicas comenzaron a desarrollar ensayos cada vez más sensibles y específicos para detectar ctDNA en sangre. La primera generación de tests tenía una sensibilidad de una parte en diez mil; las actuales llegan a una parte en un millón.
Primera aplicación clínica: la enfermedad metastásica
Durante los primeros años, la biopsia líquida se utilizó principalmente en enfermedad metastásica, donde la carga tumoral es alta y hay mayor cantidad de ctDNA circulando. La aplicación fue fundamentalmente cualitativa: detectar si un tumor tenía una mutación específica que lo hiciera elegible para un tratamiento dirigido.
Esta primera ola de aplicación clínica permitió, por ejemplo, identificar si un tumor de pulmón tenía mutación en EGFR, si un tumor colorrectal presentaba mutación en KRAS, o si un cáncer de mama tenía amplificación de HER2, sin necesidad de una nueva biopsia tisular cuando el tumor original era de difícil acceso o cuando había progresado a múltiples sitios.
La segunda revolución: el estadio temprano
La frontera más compleja es la aplicación de la biopsia líquida en cáncer en estadio temprano. Aquí la carga tumoral es mucho menor, el ctDNA es escaso, y la pregunta clínica cambia: no busca definir qué mutación tiene el tumor, sino evaluar la respuesta al tratamiento inicial y el riesgo de recaída.
En el manejo tradicional, un porcentaje de pacientes que reciben quimioterapia adyuvante podrían no necesitarla, mientras que otros sufren recaídas a pesar de haber recibido el esquema completo. Esa es exactamente la brecha que la biopsia líquida promete cerrar mediante el análisis molecular preciso.
¿Cómo se usa hoy en la práctica clínica?
- Detección de enfermedad residual mínima (MRD): Una de las aplicaciones principales es la detección de la enfermedad residual mínima (MRD, por sus siglas en inglés). Después de una cirugía o tratamiento, si el ctDNA desaparece de la sangre, es una señal positiva de respuesta terapéutica. Si persiste, indica que quedan células tumorales en algún lugar del cuerpo que aún no son visibles en los estudios de imagen convencionales.
- Anticipación de la recurrencia: Estudios clínicos en cáncer colorrectal y cáncer de mama demostraron que la biopsia líquida puede detectar recurrencias con una ventaja de varios meses antes de que sea visible en las imágenes.
- Orientación de tratamientos dirigidos: En enfermedad avanzada, la biopsia líquida permite identificar las mutaciones del tumor en tiempo real, orientando la elección del tratamiento más adecuado para cada paciente y detectando mutaciones de resistencia que aparecen durante la terapia.
Aplicaciones más allá del cáncer
El principio detrás de la biopsia líquida —detectar ADN de células específicas en sangre— tiene aplicaciones que van más allá de la oncología:
- Medicina materno-fetal: El diagnóstico prenatal no invasivo permite secuenciar el ADN fetal libre en circulación a partir de una muestra de sangre materna para detectar alteraciones cromosómicas.
- Trasplante de órganos: El ADN del donante circula en la sangre del receptor. Monitorear esa proporción permite detectar el rechazo del órgano trasplantado de forma precoz.
- Listas de trasplante: En investigación actual, la negativización del ctDNA se estudia como evidencia de respuesta en pacientes oncológicos que esperan acceder a listas de trasplante.
Límites y precauciones: lo que todavía no podemos hacer
A pesar de ser una herramienta valiosa, la biopsia líquida presenta limitaciones reales que se deben tener en cuenta para la correcta interpretación de los resultados:
- Tumores de baja carga de ctDNA: Algunos tumores de crecimiento lento o localizados en sitios específicos (como el sistema nervioso central) liberan muy poco ctDNA a la circulación, lo que reduce la sensibilidad de la prueba.
- Pruebas específicas para el tumor original: Los tests diseñados a partir del tejido tumoral primario (tumor-informed) buscan mutaciones específicas de ese proceso tumoral. Si se desarrollara una segunda neoplasia primaria con una firma genética distinta, esta prueba no la identificaría.
- El tejido tumoral es un recurso limitado: Para los tests de mayor sensibilidad se requiere muestra del tejido tumoral del diagnóstico original, por lo que su conservación es prioritaria.
- Desescalada terapéutica pendiente de evidencia: Utilizar la negatividad del ctDNA para suspender o evitar tratamientos estándar (desescalada) aún se encuentra bajo investigación en ensayos clínicos y no constituye la práctica habitual.
El futuro: individualizar cada tratamiento
La visión a largo plazo es profundamente transformadora. En el futuro, la biopsia líquida podría permitir tomar muestras de sangre seriadas después de cada etapa del tratamiento y decidir, en función del ctDNA, la necesidad de intervenir con el siguiente componente terapéutico.
El objetivo final es tratar a cada paciente según sus requerimientos moleculares específicos y en el momento preciso, optimizando también el diseño y seguimiento de los ensayos clínicos.
Lo que esto significa para el paciente hoy
Si atravesás un diagnóstico oncológico o acompañás a alguien en este proceso, estas son las claves sobre el estado actual de la biopsia líquida:
- Está disponible en centros especializados para orientar tratamientos en enfermedad metastásica.
- En estadio temprano, su uso se concentra principalmente en el contexto de ensayos clínicos y estudios de investigación.
- Un resultado negativo no garantiza la ausencia total de enfermedad, y un resultado positivo requiere una evaluación clínica integral por parte del equipo tratante antes de modificar cualquier esquema.
- Es fundamental preservar el tejido tumoral del diagnóstico original para futuros estudios genómicos.
La biopsia líquida representa uno de los avances más destacados de la medicina de precisión, cuyo valor clínico depende de su indicación adecuada y del respaldo de la evidencia científica.

