El melanoma es, sin duda, uno de los términos que más respeto genera en el ámbito de la dermatología y la oncología. No es para menos: se trata del tipo de cáncer de piel más agresivo debido a su capacidad de crecimiento y dispersión. Sin embargo, estamos viviendo una era dorada en la medicina donde el diagnóstico de un melanoma ya no significa lo mismo que hace una década.

En este artículo, desglosaremos qué es exactamente esta enfermedad, cómo prevenirla y por qué la inmunoterapia ha marcado un antes y un después en la vida de los pacientes.
¿Qué es el melanoma y cómo se comporta en nuestro cuerpo?
Para entender el melanoma, primero debemos entender qué es el cáncer en su esencia. Como todo tumor, el melanoma se origina a partir de células que han perdido su brújula biológica. Estas células tienen tres capacidades críticas que las vuelven peligrosas:
- Multiplicación local descontrolada: A diferencia de las células sanas, las células del melanoma no dejan de dividirse, creando una masa o tumor en la piel.
- Incapacidad de morir: El proceso natural de “suicidio celular” (apoptosis) falla, permitiendo que las células dañadas sobrevivan indefinidamente.
- Capacidad de viajar (Metástasis): Esta es la característica más compleja. Las células pueden desprenderse del tumor primario, viajar a través del sistema linfático o sanguíneo y alojarse en otros órganos (como pulmones, hígado o cerebro).
El melanoma nace específicamente en los melanocitos, las células encargadas de producir la melanina, el pigmento que nos da color a la piel y nos protege de la radiación.
Factores de riesgo del melanoma: ¿Quiénes deben estar más alerta?
Existen diversos factores que aumentan las probabilidades de desarrollar un melanoma. Algunos son ambientales y modificables, mientras que otros son intrínsecos a nuestra biología.
La exposición solar y los rayos ultravioletas (UV)
El sol es el principal factor de riesgo. Los rayos UV dañan el ADN de las células de la piel de forma acumulativa. No se trata solo de la quemadura que tuviste el último verano, sino de toda la radiación recibida a lo largo de la vida.
Características físicas y color de piel
Tener la piel blanca, ojos claros o cabello rubio/pelirrojo son factores que predisponen al daño solar, ya que estas pieles tienen menos melanina para defenderse de la radiación.
Inmunosupresión
Un sistema inmunológico debilitado (ya sea por medicación, trasplantes o enfermedades) no puede cumplir adecuadamente su función de “vigilancia”. Normalmente, nuestras defensas detectan y eliminan células malignas antes de que formen un tumor; si el sistema está inmunosuprimido, este escudo desaparece.
Factores genéticos y antecedentes familiares
Hay situaciones que no podemos cambiar. Si tienes familiares directos que han padecido melanoma, o si posees ciertas mutaciones genéticas heredadas, tu riesgo es mayor. Esto no significa que desarrollarás la enfermedad, pero sí que tus controles deben ser mucho más rigurosos.
Prevención del melanoma: Estrategias para proteger tu piel
Si bien no podemos modificar nuestra genética, sí tenemos el control absoluto sobre las medidas de prevención. El melanoma es uno de los cánceres más prevenibles si tomamos las decisiones correctas a tiempo.
El uso de protector solar: Un hábito de todo el año
Un error común es creer que solo debemos protegernos en verano o en la playa. El protector solar debe usarse todos los días, incluso en días nublados y en invierno. Los rayos UV atraviesan las nubes y los cristales, manteniendo su capacidad de dañar el ADN celular.
El control dermatológico frecuente
La detección temprana es la diferencia entre un tratamiento sencillo y una situación de riesgo. Visitar al dermatólogo al menos una vez al año para un mapeo de lunares es fundamental. Un profesional puede detectar cambios imperceptibles para el ojo no entrenado mediante la técnica de la dermatoscopía.

BRAF: El biomarcador que cambió las reglas del juego
En la oncología moderna, ya no tratamos a todos los pacientes por igual. Hoy hablamos de biomarcadores, que son características moleculares del tumor que nos indican qué camino tomar.
En el caso del melanoma, el biomarcador más importante es el gen BRAF.
- Se analiza si el tumor presenta una mutación en este gen.
- Si la mutación BRAF está presente (lo cual ocurre en aproximadamente el 50% de los melanomas avanzados), el paciente cuenta con una opción de tratamiento oncológico específico (terapia dirigida).
- Estas drogas atacan directamente la vía de señalización que hace que el tumor crezca, ofreciendo respuestas rápidas y efectivas.
Inmunoterapia: La revolución que nació con el melanoma
Es interesante destacar que la inmunoterapia, esa rama de la medicina que hoy revoluciona el tratamiento de casi todos los tipos de cáncer, tuvo sus primeros grandes éxitos y pruebas de fuego en el melanoma.
¿Qué es la inmunoterapia?
A diferencia de la quimioterapia tradicional, que ataca tanto a células buenas como malas, la inmunoterapia no ataca al tumor directamente. Su función es “despertar” o quitarle el freno al sistema inmunológico del paciente para que sea su propio cuerpo el que reconozca y destruya las células del melanoma.
Un cambio radical en la supervivencia
Antes de la llegada de la inmunoterapia, los pacientes con melanoma avanzado tenían muy pocas opciones y la durabilidad de las respuestas a los tratamientos era muy corta. Hoy, la inmunoterapia es el estándar de tratamiento. Ha modificado radicalmente la evolución de la enfermedad, permitiendo que pacientes que antes tenían un pronóstico muy complejo, hoy logren supervivencias prolongadas y, en muchos casos, una remisión completa.
Tratamientos preventivos: ¿Qué sucede después del diagnóstico?
Una duda frecuente es qué pasa cuando el melanoma ya se detectó y se operó. Muchos pacientes piensan: “Ya me sacaron el lunar, el tema está resuelto”. Sin embargo, en ciertos casos existe el riesgo de que células microscópicas hayan quedado en el cuerpo y el melanoma vuelva a aparecer en el futuro.
Para disminuir este riesgo, se utiliza la inmunoterapia en forma preventiva (adyuvancia).
- ¿En qué consiste? Se administra el tratamiento generalmente durante un año.
- ¿Cuál es el objetivo? “Limpiar” cualquier rastro celular invisible y entrenar al sistema inmune para que el melanoma no regrese.
- Esta estrategia ha demostrado ser altamente efectiva para aumentar las tasas de curación definitiva.
Conclusión: La importancia de conocer para actuar
El melanoma es una enfermedad seria, pero el conocimiento es nuestra mejor herramienta. Conocer tus factores de riesgo, protegerte del sol diariamente y no postergar la consulta con el dermatólogo son los pilares de la salud de tu piel.
La ciencia ha avanzado más en los últimos 5 años que en las décadas anteriores. Desde la determinación del BRAF hasta la consolidación de la inmunoterapia, el panorama actual está lleno de esperanza. Si tenés un lunar que cambió de color, forma o que te genera dudas, consultá hoy mismo. La detección temprana salva vidas.

